Siete días de cultos en su honor, como los Siete Dolores de María. El mármol de San Julián refleja como un espejo el brillo de las velas, que iluminan el llanto de María Santísima de la Hiniesta. Vestida de hebrea, la Virgen castiza que Castillo Lastrucci gubiara para la cofradía del Domingo de Ramos, sujeta la corona de espinas de su Hijo entre sus delicadas manos. Mirada de Madre que atraviesa una pirámide de luces para inundar de su luz la sombra, como una sublime estrella en la noche oscura. Gota a gota, de llanto y espinas, de azul y plata.

Galería de Luis Manuel Jiménez